Leíamos el otro día en clase la fábula 3, 12 de Fedro. Al leer eso de “iaces indigno quanta res loco”, la versión de una de mis alumnas me hizo recordar esta canción:
Casi me pongo a cantar. Los chicos me miran con caras raras, advierto en sus ojos la condescendencia que aplican a los decrépitos cuentabatallitas.
Caesaris cultri
En la Sala OFF del Congreso de Contenidos Educativos Digitales, hablando de formación del profesorado, escuché una idea que anoto aquí para que no se me olvide. En un momento de la charla, Miguel Ángel Gil, Jefe de Servicio de Innovación y Formación del Profesorado de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Extremadura, habló de un posible plan para crear centros TIC de élite. Éstas fueron sus palabras iniciales; pareció luego arrepentirse, y balbució que se trataba de un comentario personal, si bien más tarde afirmó que el “plan” estaba diseñándose y que aún no se sabía su nombre.
La idea central es dar equipamiento a los centros que se lo curren. Me parece correcto. Lo malo es, conociendo esta tierra y esta gente, pensar en manos de quiénes estamos.
Ahí lo dejo. Ya veremos qué es de esto.
De una manera ininterrumpida, tenemos documentos escritos en lengua griega desde hace 3.500 años. Ninguna lengua de la Humanidad tiene una historia tan larga, ninguna constituye un instrumento tran precioso para observar, con una perspectiva de milenios, los fenómenos que hacen evolucionar el lenguaje y, por tanto, el universo de los hombres.
A la luz de estos hechos, siempre me ha resultado asombroso, insólito, que todavía haya quien llame a la lengua griega “una lengua muerta”. No sólo no es una lengua muerta, sino que ha vivido más que ninguna otra.
Bernardo Souvirón, Hijos de Homero.
Reproduzco el último párrafo del editorial de una revista escolar, escrito por el director de un colegio de Primaria de cuyo nombre no quiero acordarme:
Sí, seamos competitivos invirtiendo en educación. Nuestros centros son grandes fábricas a las cuales nos llegan materias primas casi sin pulir, sin tallar, materias primas volátiles, diminutas pero valiosísimas; nuestra función como profesionales es darle forma, crear un producto elaborado y preparado para su venta al mercado, crear personas competitivas y racionales sólo puede conseguirse si en las fábricas donde trabajamos existen las mejores herramientas, los mejores sistemas de gestión y administración, los mejores cursos de formación para sus empleados. Si no es así, de estas fábricas sólo saldrán productos TODO A 100 o TODO a 1 EURO, sin calidad, sin valor, sin criterio de futuro.
Me ahorro cualquier comentario.